Maternidad

La mamá más mala del mundo

Un día me convertiré oficialmente en la mamá más mala del mundo porque voy a querer saber dónde está mi hija, voy a decirle que es lo que pienso de sus amistades, voy a ser una metiche, voy a dejarla en ridículo con mis muestras de afecto, voy a cantar cuando estén sus amigas en casa, voy a darle de comer lo que ella no quiere, voy a ser sincera con ella, voy a pedirle que recoja su cuarto, voy a pedirle que estudie, voy a levantarla temprano para ir a la escuela, voy a querer saber cómo se siente, voy a decirle que al llegar a algún lugar tiene que saludar, voy a ponerle límites, voy a tomar decisiones que no la van a hacer muy feliz y voy a hacer muchas cosas más que me harán ganarme ese título.

Y es que desde que estaba embarazada me hice a la idea de que la luna de miel de la maternidad en un momento se acabaría (bueno dicen algunas que no pasa) y de que llegaría una nueva etapa en la que dejaría de ser la persona favorita de mi bebé y aunque falta tiempo para que eso pase ya estoy preparada mentalmente por si un día me toca ser la mamá más mala del mundo y entender por experiencia propia a mi mamá.

No tienen idea de cuánto agradezco hoy haber tenido a la mamá más mala del mundo a mi lado porque nunca se equivocó y aún con todos mis desplantes, groserías y desobediencia ella nunca dejó de amarme. Bien dicen que cuando una se convierte en madre empieza a entender, admirar, respetar, aplaudir y agradecer a la suya.

Y tú, ¿ya eres la mamá más mala del mundo?